sábado, 14 de noviembre de 2009

Dónde están los Fiordos, matarile-rile-rile

Hoy hemos ido a Fiordland, uno de los parajes naturales más bellos del mundo, para ver el fiordo Milford Sound.
Nos han recogido a las 7:30, en taxi, para llevarnos a una guagua, que la conducía Heidi, nuestra guía/conductora.
Hasta Te Anau (último pueblo habitado antes de los fiordos y dirigido exclusivamente al turismo) íbamos viendo que las nubes (bajas y oscuras) se acercaban cada vez más.Esto no nos ha dificultado para disfrutar de la carretera serpenteante y de las paradas que nos permitían hacer.


En unas de ellas 2 Keas (loritos típicos del Sur de la Isla) perseguían a Cris, quien llevaba medio bocadillo de la mañana-con lo que le gustan a ella los pájaros, imaginaros como corría huyendo de ellos.



En otra parada, la nieve llegaba hasta pie de carretera, justo al lado de un túnel que teníamos que pasar y que en invierno, según nos contaron, suele haber avalanchas que cierra sus entradas.

Llegamos al puerto, con una gran niebla y un gran aguacero, para coger el barco que nos llevara por el Mildford Sound. Muy decepcionados con el clima (no podemos ver el otro lado del fiordo de la de niebla que hay), sacamos máximo partido de la situación. En un toldo que hay en la parte superior, nos concentramos varias personas que nos turnamos para sacar fotos. En el trayecto hay un par de cascadas muy grandes con gran cantidad de agua. El barco se acerca mucho y nos mojamos, más de lo que ya vamos (si es que se puede). Debíamos ver delfines, focas y pingüinos.

Nos conformamos con un pingüino en la lejanía y escondido para no mojarse (debería pensar el pingüino: “hay que ser capullo para ir en un barco lloviendo, y con niebla y yo aquí escondido secadito y calentito).

Para secarnos, alternamos visitas entre la cubierta y el interior del barco, donde hay calefacción, y una invasión de asiáticos (creemos que eran coreanos pero no nos atrevimos a preguntar). Lo más extraño es que el interior olía igual que un Todo a 100 de Barcelona o Tenerife (porque no me diréis que todos los Todos a 100 chinos huelen igual…). Por lo que el retorno fue de observación intercultural (mira lo que comen, mira como se ríen, mira que nos quitan el abrigo para calentar el suyo sin disimulo,…)



Ya en la guagua, nos mareamos un poco. No os hemos dicho que el techo era transparente. En la ida fuimos en la primera fila. Pero a la vuelta nos “robaron” el sitio y, aunque se veía todo mu’ bien, aquello se movía por todas partes. En Te Anau recuperamos nuestro sitio (porque se bajaron los usurpadores, que ya os veo imaginando peleas y discusiones con nuestro nivel de inglés). Y menos mal. En la última parada el viento dio un giro inesperado, y en cuestión de dos minutos, nos pilló una tormenta de agua y viento acojonante. Viento que no nos dejó hasta nuestra llegada a Queenstown (menudos bandazos que pegaba la Heidi al volante). Eso sí, el tiempo quiso compensarnos con un arco iris perfecto que duró casi todo ese último trayecto.

En el camping, sólo nos da tiempo de contratar una nueva excursión para el día siguiente. Cenita y acojonarnos viendo la página del tiempo de mañana (no os habíamos comentado que somos grandes fans de http://www.metservice.co.nz/public/) ya que hay alerta por fuertes vientos y lluvias (si ya decíamos que ese viento no era normal).






Bueno, ka kita pa’ todos que hace mucho que no os lo decíamos.







1 comentario:

Anónimo dijo...

fofavor!! una piedrita de la tierra, manquesea, una piedrita pa'lanvidia!!!
Angeles Perera