Hoy es nuestro último día en Kyoto. Nos despedimos de esta ciudad con más de 1.600 templos budistas y cuatrocientos santuarios sintoístas, de los cuales solo hemos visto una ínfima parte (ni tan siquiera los 17 lugares Patrimonio de la Humanidad). Aún así, como el tren sale a las 18:29h, no hemos querido dejar perder la oportunidad de ver alguna cosita más.
Templo Ryoan-Ji
Templo Ninna-Ji
Una vez, finalizada nuestra ruta de Templos, nos hemos ido a dar una vueltecita por Gion y Pontocho, ya que seguíamos empeñados en ver a las Maiko’s. Pero nada, que la función empezaba a las 20:00h. Y ellas siguen escondidas, en Dios sabe dónde. Así que, foto con un cartel y a alguna turista disfrazada. Con eso nos tenemos que conformar.
Como nos sobra un poquillo de tiempo, nos acercamos al mercado de Nishikikoji. Ya sabéis que allá donde vamos, mercado al que entramos. Pero creemos que este supera incluso al de Túnez, en comida desconocida para nosotros: verdura enorme, muchos dulces que no sabes a que saben ni de que están hechos, muchas clases de pescado ya cocinado o desalado, huevos, “saques”, especias para salsas, setas, etc. Nuestra sorpresa: sin nosotros pedir, nos han dejado probar bastantes cosas. Lástima que ya habíamos comido un buen ramen (fideos en caldo con pollo/carne y verduras).
Jordi se había tomado dos postres (1 lionesa rellena de crema de castañas y 1 creppe negra de nata y chocolate) y estábamos más que llenos.
Restaurante Laberinto Ninja.
Ya de relax, aprovechamos las últimas horas para ir de compras, recoger las maletas e ir a la estación. Probablemente, será nuestro último viaje en tren bala. Y como que llegamos tarde, aprovechamos para cenar un Take Away de lo más japonés (como no, con acompañamiento de arroz).
Volvemos a dormir en Tokio, en nuestro Shinjuku, rodeados de su ambiente peculiar y que tanto nos fascinó desde el primer día. Sólo nos quedan dos días por estas tierras.
A disfrutarlos a tope.