Rodeados de mochilas por delante y por detrás, nos dirigimos de buena mañana a Kyoto, cuna del Japón tradicional.
Nuestra primera impresión: amabilidad y transporte caótico. En información nos dan unos mapas y nos repiten 15 veces la ruta que debemos seguir los tres días que estemos en la ciudad (no entendemos el idioma, pero tampoco es para tanta repetición).
Además, hay un Pepito Grillo Japo que matiza los comentarios de nuestro interlocutor.

De ahí, a comprar la tarjeta de transporte para ir dirección a nuestro Ryokan: hotel tradicional japonés. No os queremos ni explicar, para interpretar los mapas cargados con las mochilas (suerte de Jordi porque Cris aún estaría dando tumbos por la Estación).
Encima, nos hemos olvidado de imprimir la dirección exacta del hotel, por lo que damos vueltas por el barrio (lleno de tiendas españolas).
Nuestro salvador, un restaurante español llamado “El Fogón” y que tiene como una de sus especialidades la paella con pimientos y anchoas, es quien nos indica el camino.
En el hotel el Check In es a las 16:oo h y como son las 13:00h, les largamos las maletas y nos vamos hacia el Palacio Imperial, ya que el Pepito Grillo Japo nos dijo que habían “free English Guided visits”, pero estaban llenos. Así que, comemos en un chiringo de barra, donde escoges el menú en una máquina y lo pagas sobre la marcha (como el bar de las moneditas de la ofi de Playa Las Américas).

Entre el caos del bus y metro (los Kyotenses se paran para ayudarnos sin pedírselo, imaginaros la imagen que teníamos que dar), aprovechamos las horas de sol para ver dos templos:
Higashi- Hoganji Temple: que nos sorprende por su majestuosidad en medio de la ciudad.

Sanjusangen-do Temple: que no dejan hacer fotos en el interior, pero os diremos que habían 1000 estatuas de Kannon de mil brazos (la deidad budista de la piedad) colocadas en fila como si fueran un ejército, 1 enorme en el centro (pensad que es un edificio muy alargado y estrecho en el que hay 33 espacios entre columnas (sanjusan) y como guardianes otras 500 imágenes más.
Buscarlo si podéis por internet.
Como que nos ha parecido poco, damos un paseíto por la Estación de Kyoto, una de las principales maravillas modernas de la ciudad.

Nuestra primera impresión: amabilidad y transporte caótico. En información nos dan unos mapas y nos repiten 15 veces la ruta que debemos seguir los tres días que estemos en la ciudad (no entendemos el idioma, pero tampoco es para tanta repetición).
Además, hay un Pepito Grillo Japo que matiza los comentarios de nuestro interlocutor.
De ahí, a comprar la tarjeta de transporte para ir dirección a nuestro Ryokan: hotel tradicional japonés. No os queremos ni explicar, para interpretar los mapas cargados con las mochilas (suerte de Jordi porque Cris aún estaría dando tumbos por la Estación).
Encima, nos hemos olvidado de imprimir la dirección exacta del hotel, por lo que damos vueltas por el barrio (lleno de tiendas españolas).
Nuestro salvador, un restaurante español llamado “El Fogón” y que tiene como una de sus especialidades la paella con pimientos y anchoas, es quien nos indica el camino.
En el hotel el Check In es a las 16:oo h y como son las 13:00h, les largamos las maletas y nos vamos hacia el Palacio Imperial, ya que el Pepito Grillo Japo nos dijo que habían “free English Guided visits”, pero estaban llenos. Así que, comemos en un chiringo de barra, donde escoges el menú en una máquina y lo pagas sobre la marcha (como el bar de las moneditas de la ofi de Playa Las Américas).
Entre el caos del bus y metro (los Kyotenses se paran para ayudarnos sin pedírselo, imaginaros la imagen que teníamos que dar), aprovechamos las horas de sol para ver dos templos:
Higashi- Hoganji Temple: que nos sorprende por su majestuosidad en medio de la ciudad.
Sanjusangen-do Temple: que no dejan hacer fotos en el interior, pero os diremos que habían 1000 estatuas de Kannon de mil brazos (la deidad budista de la piedad) colocadas en fila como si fueran un ejército, 1 enorme en el centro (pensad que es un edificio muy alargado y estrecho en el que hay 33 espacios entre columnas (sanjusan) y como guardianes otras 500 imágenes más.
Buscarlo si podéis por internet.
Ya en el Ryokan, nos integramos en la cultura japonesa. En la habitación se hace vida principalmente en un tatami, pero con pantalla plana de TV de 32”. Nos vestimos con el yukata para recibir la cena servida al más puro estilo nipón (chiquitas risas).
Nosotros, como no conseguimos que funcionara el teléfono, le dejamos los platos en el pasillo y nos hicimos nuestro propio futón –es que somos más apañados-…
En conclusión, cuando vimos el precio de la habitación nos arrepentimos de no haber comido el fideo y el arroz que sobró, y no haber movido cielo y tierra para que nos hicieran más la pelota. O sea, cuando reservamos creíamos que el precio que nos ponían era por habitación y no por persona, como fue.
Un besito y gracias por acompañarnos.
1 comentario:
Qué envidia. Muchas felicidades en vuestro primer aniversario (aunque sea con un poco de retraso)
Aquí está Cloe diciendo: Son Jordi y Cris, papi. A su manera, también os felicita.
Disfrutad por los que no podemos.
Besos. Juanma y Jeny
Publicar un comentario